Terapia

psicoanalítica

Mtra. Cecilia Castilla

Cecilia Castilla

La soledad en las grandes Ciudades

“Ciudad grande, soledad grande”, ya lo decía el historiador griego Estrabón, haciendo referencia a una de las realidades sociales que se han hecho notorias desde el comienzo del análisis y la reflexión de los movimientos sociales; y es que representa una singular paradoja el hecho de que exista el sentimiento de soledad y desamparo cuando precisamente las personas se encuentran inmersas en un ambiente que está suficientemente rodeado por otros, en el que contactan o conviven diariamente con todo tipo de personalidades durante el desempeño de sus funciones laborales, educativas, sociales, familiares, entre otras.

 

De ahí que sea importante indagar en la reflexión de los factores que ocasionan dicho fenómeno social, por lo que será necesario reflexionar sobre el estilo de vida que tiende a suscitarse en las grandes urbes.

Para ello, primero partamos de la imagen de una ciudad grande, ampliamente transitada, en la que los horarios laborales suelen exceder las jornadas establecidas, en la que la existencia de la sobrepoblación remite de manera directa a un alto nivel de competencia que exige a su vez ser “el mejor, el más exitoso”; razón por la que iniciaré por hacer hincapié en el entorno laboral citadino que suele presentarse, en el que como se mencionó anteriormente, al existir una mayor oferta de trabajadores se verá también implícito un mayor nivel de exigencia por parte de los empleadores, lo cual se manifiesta en las jornadas extensas que conllevan no sólo a mermar el estado de salud de los trabajadores, al incrementar su nivel de estrés, sino que en un segundo momento pueden llegar a dañar la calidad con la que se establecen y mantienen las relaciones interpersonales, debido a que quien trabaja de manera excesiva difícilmente brindará el tiempo necesario para tener una óptima convivencia con quienes le rodean, del mismo modo, que en caso de tener el espacio para hacerlo, probablemente no sientan ánimos o la suficiente energía para socializar.

 

Aunado a lo anterior, cabe señalar que independientemente del área laboral, la vida citadina se desenvuelve bajo un ritmo agitado, en el cual derivado del aprendizaje que se adquiere de los mandatos culturales, se cuenta con la idea predominante de “tener que aprovechar el tiempo en todo momento”, ya que de lo contrario puede hacerse presente la sensación de “ser fracasado” y no cubrir con los requerimientos estipulados por la sociedad; de ahí que, bajo el objetivo de sentirse aceptado y reconocido, exista la tendencia a realizar una mayor cantidad de actividades que reflejen la valía y las capacidades personales; lo cual denotaría y reflejaría a una persona productiva y no sería una característica criticable respecto al tema en cuestión, a menos que la sobresaturación de actividades interrumpa las dinámicas que permitan relacionarse con efectividad.

 

Otra de las características a resaltar, es indudablemente la del impacto de la tecnología en las nuevas formas de interactuar, con ello me refiero a lo que conocemos hoy en día como “redes sociales”, en las que el medio para socializar no depende de la presencia y el contacto directo con  otro, sino que se presenta a través de aparatos tecnológicos que transmitan los mensajes ya sea por  imágenes, sonidos o textos; los cuales al reflejar una presencia parcial en el proceso de comunicación, llegan a representar otro factor importante para explicar otro de los desencadenantes del aislamiento social; sobre todo cuando existe un exceso en la utilización de este tipo de medios, en los que la comunicación entre locutor e interlocutor se transmite únicamente (o en mayor medida) bajo esta modalidad, debido a que con ello se estará fragmentando la riqueza del contacto humano, dejando de lado la habilidad para comprender en su totalidad  e interactuar a profundidad, dejando como consecuencia la construcción de relaciones superficiales; que a su vez, incrementan el sentimiento de soledad cuando surge el cuestionamiento acerca de cómo se puede sentir la soledad cuando irónicamente se cuenta con una importante cantidad de relaciones.

 

Tomando en consideración los factores anteriormente señalados, se puede concluir que el sentimiento de soledad en las ciudades surgirá como un efecto de la carencia de relaciones significativas, razón por la que será necesario priorizar la construcción de lazos sociales representativos que funjan como pilares contra el aislamiento y a favor del sentimiento de pertenencia y las redes de apoyo.

 

 

 

 

Cecilia Castilla

 

 

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