Terapia

psicoanalítica

Mtra. Cecilia Castilla

Cecilia Castilla

¿Eres una persona con iniciativa?

Cuando escuchamos que una persona tiene “iniciativa”, partimos de que es un sujeto que actúa con independencia y de manera proactiva en su desempeño, ya sea a nivel personal, laboral, social, etc. Es por ello que culturalmente hemos adquirido dicho concepto para describir a toda aquella persona que posee la capacidad de ser creativa y propositiva ante cualquier reto que se le presente en la vida, lo cual a su vez provoca que al poner en marcha esta cualidad, tenga mayores probabilidades de lograr cumplir sus metas; ya que al afrontar los retos que se le presentan, por medio de soluciones efectivas que le permiten obtener los resultados esperados, se tiene una mayor probabilidad también de alcanzar el bienestar y la autorrealización.

 

Aunado a lo anterior, cabría preguntarse qué es lo que hace que una persona tenga iniciativa en su proceder; en este sentido se considera que la “iniciativa” proviene del sentimiento de seguridad o confianza que se tiene en “sí mismo”, la cual permitirá que el individuo confíe en sus cualidades

para afrontar de manera directa los retos que se le presentan, enfocándose así, en mayor medida, en la solución o mejoramiento de la situación, en lugar de visualizar las temidas consecuencias que conllevaría la posibilidad de fracasar en el intento, las cuales, por lo general, provienen indirectamente de las carencias personales y del miedo a fracasar.

 

Pero, ¿cómo es qué se adquiere o se fortalece ese autoconcepto?, es decir ¿podríamos pensarlo como algo innato o aprendido?

 

Efectivamente es una habilidad que tiene una influencia genética, en cuanto a que forma parte del temperamento con el que se nace, es decir, que existe una predisposición biológica a serlo. Sin embargo, el factor que determinará el hecho de que se exprese como una característica de la personalidad, dependerá en mayor medida de las experiencias del sujeto, y, sobre todo, de la manera en la que esas vivencias fueron afrontadas y simbolizadas. De ahí que considere necesario hacer una reflexión sobre los primeros patrones históricos o experiencias que se tienen desde la infancia, en la que se espera que gradualmente el infante pueda separase de sus padres para comenzar a descubrir por sí mismo el mundo que lo rodea. Con ello, logrará una ganancia psíquica muy importante para su desarrollo, ya que es él mismo, el que basándose en simples pruebas de “ensayo y error”, va adquiriendo un sentido de la realidad respecto a las diversas situaciones de vida que se le presentan.

 

Asimismo, logrará un aprendizaje que brinda la capacidad para anticipar las consecuencias de sus actos, así como conocer sus habilidades y limitaciones personales; aspectos que, en un segundo momento, se vinculan con el objetivo de crear una estrategia exitosa que permita obtener de modo efectivo y congruente los resultados que espera. De ahí que se promueva el que los padres no sean sobreprotectores con sus hijos al intentar solucionar todos sus conflictos. No obstante, la adquisición de esta confianza básica no se ve totalmente limitada a las experiencias de la primera infancia, sino que debe considerarse una característica de la personalidad que puede ser implementada o desarrollada en cualquier momento de la vida; ya que si en un acto reflexivo se detecta que la inseguridad de llevar a cabo las ideas, proyectos, propuestas, etc., es lo que impide poder llevarlos al acto. En este sentido, sería recomendable preguntarse acerca de los impedimentos que merman dicha confianza básica, lo cual puede ser analizado a manera de autoreflexión o mediante el apoyo de una psicoterapia en la que se puedan analizar a profundidad las diversas y verdaderas causas que impiden el desenvolvimiento de la característica en cuestión.

 

Algunas de las recomendaciones para ser una persona con iniciativa son:

 

* Formular objetivos claros, que sean congruentes respecto a lo que se busca obtener y lo que realmente está al alcance de las circunstancias.

 

* Tener firmeza en la toma de decisiones, es decir responsabilizarse de las consecuencias de sus actos. Esto implica no requerir de las opiniones de terceros para sentirse seguros.

 

* Ser activo y emprender los proyectos y/o propósitos que se desean alcanzar, considerar que siempre será mejor arriesgarse, que arrepentirse por no haberlo intentado.

 

* Identificar los temores que pudieran generar desconfianza y trabajar en ello.

 

 

 

Cecilia Castilla

 

 

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